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Posts etiquetados‘Budismo Zen’

Serissa phoetida

Domingo, Enero 20th, 2008

El bonsái es una pequeña parte de la naturaleza que se rige por los principios del Zen: naturalidad, simplicidad, asimetría y concentración en lo esencial. Hoy me han regalado uno, espero cuidarlo y quererlo para que crezca sano y alegre. Lo situaré junto a la ventana pero evitando la exposición directa del sol y las corrientes. Lo regaré en una dosificación apropiada, ni excesiva ni insuficiente. Lo abonaré con nutrientes especiales para bonsai en las épocas de fuerte desarrollo del árbol y no cuando esté débil ni durante el transplante. Lo podaré para darle forma, realizándola a principios de primavera, despuntando los brotes nuevos sobre el primer o segundo par de hojas y según su crecimiento lo transplantaré, cortándole un parte de las raices.

Este es mi bonsai:

Serissa phoetida

Mu II

Martes, Enero 8th, 2008

Hace casi un par de semanas, publiqué uno de los Koanes más famosos de la tradición Zen, El perro de Joshu. Voy a tratar de explicarlo, aun sabiendo que explicarlo es no hacerlo, pues el Zen no está para ser discernido sino practicado, por lo que cualquier intento de entenderlo metiante la razón es inútil, aun cuando los maestros Zen pasen horas razonando.

Un Koan es un problema que un maestro iluminado plantea a sus alumnos para comprobar sus progresos en su desarrollo como budista Zen, su nivel de desarrollo de la conciencia de acuerdo con la filosofía Zen. Los koanes tienen en común que para dar con su solución hay que trascender el sentido literal de las palabras y encontrar una respuesta más allá de la pregunta que en apariencia plantean. En esencia son como los diálogos que Neo, Morfeo, Trinity y demás iluminados tienen con el Oráculo en Matrix. No se busca una respuesta en términos de correcto o incorrecto, sino una guía que muestre evidencias acerca de sus progresos en la filosofía zen y la aplicación en su vida diaria. Como cuando el Oráculo pregunta a Neo si cree que es el elegido o no lo es y él asume que no lo es, ergo en ese preciso momento es ello cierto.

El Koan El perro de Joshu dice así:

Un monje preguntó a Joshu,
maestro de Zen:
¿Un perro tiene o no naturaleza de Buda?
Mu” respondió Joshu

Es el alumno el que formula la pregunta al maestro Joshu, y éste responde Mu, que sería como responder foo en inglés o buu en castellano, es una respuesta para indicar que la pregunta está mal planteada, carece de sentido, y por tanto un perro tiene y no tiene naturaleza de Buda. La naturaleza de Buda es un concepto que proviene de la tradición del budismo Mahāyāna, para Nagarjuna, el fundador del Mahāyāna, la “naturaleza de Buddha” es algo y no es. En la espiritualidad evolutiva es la fuente que descansando en el vacío abraza la forma, y éstos son no-dual, no-dos. Mu es la respuesta al pensamiento categórico producto de la mente humana no iluminada que separa lo que es de lo que no es, que fragmenta toda realidad en dualidades. Es o no es, blanco o negro, naturaleza de Buda o no naturaleza de Buda. Mu es la entrada sin puerta que conduce al camino sin sendero. Así como el Zen es el camino que lleva a esa puerta, y ante la puerta se abre de nuevo el camino. Ambos son inseparables en el Zen, parte de un sólo proceso: caminar. Permanecer en la puerta es andar el camino, andar el camino es llegar a la puerta. Hay un bello Koan que lo ilustra:

Si no piensas no lo encontrarás;
no lo conseguirás pensado.

o como formuló San Agustín a cerca de una revelación venida de Cristo:

“No me buscarías si no me hubieses encontrado”.

No se a vosotros, pero a mí estas cosas me recuerdan a la hora del té en la casa del Sombrero Loco en el País de las Maravillas.

Mu

Viernes, Diciembre 28th, 2007

“El perro de Joshu.
Un monje preguntó a Joshu,
maestro de Zen chino:
“¿Un perro tiene o no naturaleza de Buda?”
Mu” respondió Joshu”

De Cuando actuamos divinamente Dios existe al Kanji para recordar

Miércoles, Diciembre 26th, 2007

Estaba leyendo el magnífico blog Espiritualidad y Política, blog cuyo autor nos regala perlas en forma de artículos, nada más hay que echar un ojo sus últimas entradas para darse cuenta: Aquello que aprendimos en 2007, por Koldo Aldai o Navidad, una extraña soledad, por José Carlos García Fajardo, pero esta vez algo me había llamado la atención mucho antes de empezar a leer el artículo del día James W. Heising: “Cuando actuamos divinamente, Dios existe”, los que, como yo, sean aficionados al estudio de la lengua japonesa habrán oido hablar de él, ideó un curso mnemotécnico para aprender “de manera fácil” (al menos de manera menos tediosa que el clásico escríbemo mil veces y cuando termines mil una veces más) los kanjis (caracteres ideográficos), el libro original es Remembering the Kanji, libro que posteriormente fue traducido y adaptado al español por Marc Bernabé y Verónica Calafell, bajo el nombre de Kanji para Recordar.

Pero no es de eso de lo que va el artículo del blog, ya que los grandes sabios siempre han sido polivalentes y la sabiduría perenne no tiene fronteras, en esta entrevista habla, desde su vocación profesional y como persona, de Dios, de la idea de Dios como algo impersonal, y de hacer de la Tierra algo más personal. Originalmente realizada para La Vanguardia por Ima Sanchís:

“63 años. Nací en Cambridge y vivo en Nagoya (Japón) desde hace 30 años. Allí soy profesor en la facultad de Artes y Letras y dirijo el Instituto Nazan para la Religión y la Cultura. Debemos convertir la idea de Dios en algo menos personal y hacer de la Tierra algo más personal”

Un Dios demasiado personal?

Ese es el problema, pensamos en Dios como una gran conciencia que tiene las mismas capacidades que nosotros pero infinitamente mejoradas.

Sobre todo en el cristianismo.

Cierto. Y nuestra gran preocupación ha sido durante siglos la salvación, conseguir la vida eterna de mi individualidad.

Muy humano y poco divino.

Nos relacionamos con un Dios que está exiliado de la Tierra y del tiempo; vive en la eternidad y nos llama para que nos vayamos de este valle de lágrimas a vivir con él en la eternidad que es nuestro terruño.

Nunca lo había visto así.

El problema con esa idea de Dios personal es que divide el tiempo y la eternidad. La eternidad es lo que trasciende el tiempo, es el fin del tiempo: un día el tiempo va a desaparecer y todos vamos a ser eternos.

Entendido.

Imagine ahora a un científico mirando un átomo a través del microscopio. El científico es la evolución de ese átomo. Eso significa que la naturaleza ha evolucionado hasta el punto de que puede verse a sí misma. Nosotros somos la Tierra en evolución, el mundo es algo vivo y creativo que nos trasciende.

De acuerdo, mamá Tierra, ¿y?

Que sostener hábitos de consumo respetuosos con la Tierra es más importante que sostener algunas ideas religiosas. Tenemos que reimaginar a Dios, pasar de un Dios personal a un Dios impersonal, al misterio creativo.

¿Y es el Dios que nos contó Jesús?

También, nos dijo que Dios está en nosotros, que hace al sol brillar sobre todos sin distinción, incluso se ocupa de vestir los lirios del campo…, y ese es un Dios impersonal. Insistió en la idea del no egoísmo, de desapegarse de preocupaciones particulares, de ser capaz de dar la vida por otros. Eckhart, el místico medieval, hablaba de Dios como adverbio.

¿Dios un adverbio?

El Evangelio de san Juan dice “Dios es amor”, pero nosotros pensamos en Dios como sustantivo, como sustancia. El amor no existe, es una relación, una calidad de actuar; es decir, cuando yo actúo divinamente, Dios existe.

Bonita idea.

El Evangelio de Tomás está lleno de ellas, elimina todos los cuentos y se centra en los dichos de Jesús. Y nos dice que todos somos gemelos de Jesús y Jesús es gemelo de toda la naturaleza, y que no se preocupa de cielos e infiernos, ni castigo ni pecado, sino únicamente de iluminarse y de deshacerse de los hábitos de pensamiento. Más del 70% de los dichos de Tomás se encuentran en el Nuevo Testamento, pero este los interpreta. ¿Sabe lo que pasa?

¿Qué?

Somos tan racionalistas…, la nuestra es una religión de doctrina. Le contaré una anécdota que me sucedió: el presidente de una universidad budista me preguntó al respecto de la parábola del buen samaritano (sólo el samaritano ayudó al judío moribundo): cuando el samaritano lo ayudó, ¿de dónde vino su mano?

No entiendo la pregunta.

Eso mismo le dije yo, y este es el problema del cristianismo, se basa en silogismos. La ley dice: no debemos ayudar a los judíos, sólo en caso de necesidad se rompe la ley, ergo rompo la ley. Pero la mano no salió de un silogismo, sino directamente de su corazón.

¿Dios no dicta leyes?

La idea de Dios es una idea inventada por el hombre para hablar de lo que trasciende a todo, es decir, el misterio creativo. La gente con valores ecológicos tiene una base espiritual más ética y busca en el budismo, el sufismo…, ¿y qué dice la Iglesia?… Que hacen religión a la carta y les parece egocéntrico.

Más egocéntrico es pensar en la propia salvación.

Estoy de acuerdo. Los valores éticos actuales (Tierra, igualdad, fin de la esclavitud, el hambre, la injusticia…) no han salido de ninguna religión establecida, sino de gente que busca siguiendo su corazón. No podemos criticar la nueva espiritualidad por no ser consecuente con la tradición doctrinal de la Iglesia.

¿Esta destrozando su propio templo?

En la tradición cristiana hay elementos que responden a las necesidades de hoy, pero debemos hacer una terapia, sino las semillas de las enseñanzas de Jesús no son más que guijarros: puedes plantarlos pero no crecen.

¿Qué ha aprendido de la espiritualidad japonesa?

A juzgar sin juzgar, siendo un espejo de los otros. En el siglo XV vivió el monje más famoso de todo Japón, Ikkyu, hijo ilegítimo del centésimo emperador. El príncipe de la provincia decidió dar una gran fiesta y le dijo a Ikkyu que le reservaba un lugar a su lado.

Ikkyu apareció vestido de mendigo y fue expulsado por el príncipe. Volvió con buenas vestimentas, se las quitó y las dejó en la silla. “¿Qué estás haciendo?”, preguntó el príncipe. “Te había entendido mal, pensaba que me habías invitado a mí, pero invitaste a mi vestimenta, así que aquí la dejo”, respondió Ikkyu.

Gran lección.

Para nosotros lo ideal es lo que está de acuerdo con los principios, y para los filósofos japoneses el ideal es lo que pasa de corazón a corazón. Eso debemos aprender, a alejarnos un poco del racionalismo de la religión y tener más confianza en la bondad del corazón.