Filosofía ágil
Martes, marzo 25th, 2008En el último mes estoy teniendo días de mucho trabajo, es en esos momentos cuando Dios demanda dar lo mejor de nosotros mismos con más fuerza de lo que habitualmente por rutina estamos acostumbrados. En el departamento estamos implantamos metodologías de desarrollo ágil que tan buenos resultados han dado en otras empresas tecnológicas de la talla de Google o Yahoo. Scrum, la metodología ágil que más estamos adoptando, creada por dos japoneses, Hirotaka Takeuchi e Ikujiro Nonaka, se basa en las buenas prácticas observadas en empresas con buenos resultados de rapidez y flexibilidad: Xerox, Canon, Honda, NEX, etc. dando lugar a las siguientes premisas
- El mercado competitivo de los productos tecnológicos, además de los conceptos básicos de calidad, coste y diferenciación, exige también rapidez y flexibilidad.
- Los nuevos productos representan cada vez un porcentaje más importante en el volumen de negocio de las empresas.
- El mercado exige ciclos de desarrollo más cortos.
Estas tres premisas casan perfectamente con la base de una vida no basada en las restricciones y en los encasillamientos del ego, en la capacidad de adaptación y en la claridad mental que se necesita en el momento presente de la toma de decisiones en un entorno cambiante. Premisas que las grandes tradiciones espirituales orientales enfatizan. En las que con la práctica constante uno llega a la iluminación, ese estado de conciencia del Buddha, de la Gran Mente y del Gran Corazón. Punto en el que uno se convierte en un sabio, y en el que el capítulo 64 del Tao Te King – comentado explícitamente en la metodología Scrum – se manifiesta:
Toda manipulación conduce al fracaso
y todo dominio a la pérdida.
Así, el sabio no manipula y no fracasa,
no domina y no pierde.
Los asuntos humanos,
a menudo fracasan cuando están a punto de concluir.
Si se cuidara el final igual que el principio,
no habría fracasos.Por eso, el sabio desea sin intención,
no valora lo que es difícil de obtener,
investiga sin discriminaciones,
y restablece los fallos de los demás.
Para estar en armonía con el curso natural de todos los seres
no osa actuar.

