Sentado al sol
Miércoles, junio 2nd, 2010
Sentado al sol.
La nuca ya casi tostada.
El canto de los pajaros entremezclados con las bocinas de los coches.
Ya es primavera.

Sentado al sol.
La nuca ya casi tostada.
El canto de los pajaros entremezclados con las bocinas de los coches.
Ya es primavera.
How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d;
¡Feliz es el destino de las vírgenes vestales!
Pues olvidan al mundo y el mundo les olvida a ellas.
¡Brillo eterno de la mente inmaculada!
Cada oración aceptada y cada deseo renunciado;
Oí la primera vez esta cita en la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind, traducida al castellano como Olvídate de mí. El poema completo se titula Eloisa to Abelard, de Alexander Pope. Escrito en 1717. Pope en su vida escribió varios trabajos más cortos, de los cuales de los mejores son las epístolas a Martha Blount. De 1715 a 1720 tradujo la Ilíada de Omero, y unos años más tarde hizo lo propio con la Odisea.
En la antigua roma, una sacerdotisa consagrada a la diosa Vesta recibía el nombre de Vestal. Las vestales debían ser vírgenes, de padre y madre reconocidos, y de gran hermosura. Eran seleccionadas a la edad de seis a diez años. Una de sus mayores responsablidades era mantener encendido el fuego sagrado de sus templos.
No era a priori un destino feliz, sino forzado. Si bien las que con el paso de los años aprendían a vivir y nunca llegaban a perder la última de las libertades humanas, la elección de la actitud interior bajo cualquier conjunto de circunstancias, la libertad espiritual que hace de la vida un sentido, abrían su conciencia para dar paso al brillo eterno de la mente inmaculada. Cada oración era aceptada, y cada deseo, renunciado.