En memoria de mi abuelo.
Domingo, Noviembre 1st, 2009Todos nosotros –y muchos más que no se encuentran aquà en presencia fÃsica pero si de corazón- apreciamos y amamos tanto en su vida como tras su muerte carnal a mi abuelo Fernando Cespedosa TORO, como le gustaba recalcar, cada uno lo hacemos a nuestra manera. El nos querÃa también a todos nosotros a la suya.
Mi abuelo no era de ese tipo de personas que pasa su vida haciendo cosas que detesta para conseguir dinero que no necesita y comprar cosas que no quiere para impresionar a la gente que odia. Era un hombre sencillo en sus quehaceres y complejo en sus formas.
Le gustaba salir a pasear por las mañanas y recorrer el barrio con matemática exactitud, tras su vuelta a casa siempre recibÃamos despuntes de su bondad. En un tiempo iba al quiosco a por los cromos reservados para su nieto que luego recibÃa con una sonrisa de oreja a oreja, en otro iba a por lechuga para Cresta –nuestra difunta cobaya- que revoloteaba de alegrÃa al oir el ruido de sus llaves tras la puerta antes de entrar en casa, y a la panaderÃa a por cuatro barras de pan para llevarlas a casa y compartir con nosotros su familia. Es un hombre que lo ha dado todo en vida por y para su familia.
Mi abuelo solo tenÃa un capricho, un deseo para nosotros tras su muerte, solo uno, que nos reuniéramos todos, como estamos hoy aquà reunidos, y yo se que no era para desgarrarnos de dolor por su muerte, sino para apreciar nuestra vida y vivirla en comunión. Y para honrarle. Dios le quitó la existencia carnal, llevándoselo de la rueda del ser y el devenir para llevarlo consigo, ascendiéndole al Reino de los Cielos y otorgándole una libertad y plenitud eternas. Abuelo, abuelito, descansa en paz.
30 de mayo de 2007, en su misa funeral.











