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Ave Maria

Martes, septiembre 14th, 2010

Ave Maria en el metro, sonando desde más allá de donde alcanza la vista.
Maria, mein Gesang
Calor, como si estuviéramos más cerca del infierno que del cielo.
erbittet Dich um Gnade
El ruido de un tren que se va de fondo.
Al final del pasillo una riada de gente que a cámara lenta viene hacia las escaleras
Todo parece sucederse con la tranquilidad de una noche de verano.
Ave Maria
Puede ser que fuera martes rumbo a trabajar.
Santa Maria

http://www.goear.com/listen/253c463/ave-maria-nina-hagen

¡Ese es el bueno!

Martes, diciembre 16th, 2008

Este fin de semana venía yo en el metro de vuelta casa tras ver la exposición de las vanguardias y Carl Einstein en el Reina Sofía, por cierto, muy buena, aunque breve, así que ya se sabe… El caso es que iba tan tranquilamente leyendo a (redobles por favor…) ¡pues no! no estaba leyendo a Ken, sino a Frank Visser que hablaba de Ken Wilber, es decir, de su libro Ken Wilber o la pansión del pensamiento, y traducido por el gran David González Raga. Un resumen de la obra (con esbozos de la vida) del pelado escrito en 2001. Un comienzo brillante… en ese capítulo estaba, en el número dos, en el subapartado Una “psicología perenne” cuando veo por el rabillo del ojo que al lado se me sienta una persona con esbozos de desequilibrado mental: miradando a todos raros con movimientos bruscos de cabeza y haciendo sonidos guturales constantemente. Se sienta, y acto seguido clava la vista descaradamente en el libro durante un buen rato -intermitentemente eso sí- hasta que el tema sigue así:

-(suelta en voz alta) “¡Jodó, psicología junguiana! eso lo he estudiado yo, es muy bueno, el Jung, el Freud y eso… ¿te gusta? ¿tú qué estudias?”
- “no es por estudio” -le contesto-  “es por hobby”
- pues tu sigue así muchacho que llegarás lejos. (…)  La persona, el ego… Freud um… -habla en voz alta.-
Tras aproximadamente un minuto de silencio se pronuncia de nuevo y me dice:
- pero oye, el bueno es este (metiendo el dedo en el libro), Wilber. Ese es el bueno.

Pues cuanta razón amigo mío, ¡cuánta razón!. Ken Wilber, o la pasión del pensamiento.