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Desarrollo personal y solución de conflictos a través del enfoque integral

Domingo, diciembre 28th, 2008

Algo que me ha aportado el marco de la visión integral y el haber leído a Ken Wilber en estos últimos años ha sido indudablemente una mayor comprensión y conciencia personal, sobre mi entorno cercano y el kósmos en su sentido más abarcante. Me ayuda a sacar lo mejor de mí mismo, pudiendo llevar una vida más plena y equilibrada. En la que me suceden cosas que años atrás ni siquiera había imaginado. Y en la que aprendo a lidiar con los problemas que se me presentan desde modalidades de conciencia que ni siquiera alcanzaba a vislumbrar años atrás. Proporcionándome una visión más abarcante de este nuestro complejo mundo, pero no de una manera teórica como si de un erudito se tratase, sino aportándome las herramientas cognitivas básicas para su uso aquí y ahora, en el día a día, en el entorno laboral ayudando a lidiar con los conflictos que inevitablemente se presentan, o mejorando la relación con los compañeros con los que tantas horas paso. Con los amigos o las relaciones de pareja y también con la familia.
De eso me he dado cuenta en estas fechas tan señaladas y emotivas, donde me vienen a la cabeza las sabias y desenfadadas palabras de Eckhart Tolle “si crees que estás iluminado, ve a pasar la nochebuena en casa de tus padres”, y es que el ego, esa estructura psicológica tan necesaria que conforma nuestra sensación de identidad separada, se formó en el seno de la familia, desde muy temprana edad en nuestra infancia y posteriormente en nuestra adolescencia. Arrastramos nuestros miedos y deseos que nos condicionan, en gran parte relegados al inconsciente, nuestro modo de ser. Donde en la etapa del yo verbal-pertenencia desarrollamos elementos afectivos tales como nuestros deseos temporales, nuestros gustos, las raíces de nuestra propia volición y autoconciencia. Dando lugar posteriormente a los afectos y las emociones dialécticas como la culpabilidad, el deseo, el orgullo o el amor. Este revolucionario enfoque -no por el contenido en sí mismo, sino por la relación interdisciplinar con la que aborda los problemas de la vida- me ha enseñado a que no nos debemos parar ahí, y renegar o simplemente aceptar los conflictos porque así ha sido toda la vida sino que debemos continuar nuestro camino personal ascendente de una manera equilibrada (no disociada) hasta alcanzar, al menos, una modalidad del yo centáurica, integrando el ego en una totalidad más abarcante cuerpo-mental donde los elementos afectivos de comprehensión -hacia uno mismo y los demás-, espontaneidad o impulso de expresión guíen nuestras más nobles intenciones en este complejo mundo y se manifiesten en su modalidad más elevada.
Consiguiendo de este modo una vida más plena, en relación con uno mismo y con los demás embebidos en un una cultura y en la naturaleza. Es decir, siendo capaz de disfrutar y de vivir experiencias en los tres grandes dominios de la Verdad, la Bondad y la Belleza como antes nunca había imaginado.

 Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad. Trabajar en nosotros mismos intentando incrementar nuestra conciencia integral cada día, de manera que al final dejemos el mundo un poquito más completo de lo que lo encontramos. Ken Wilber.

Felices fiestas.