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Practíca, practíca y practíca

Jueves, julio 29th, 2010

Estos últimos meses esa praxis integral tal necesaria para una vida plena y equilibrada la he perdido. Y no ha sido por iniciar un master ni por empezar a trabajar después de un parón de 9 meses, sino más bien por la pérdida de una rutina que me ayudaba a mantener mi nivel de conciencia más o menos en un estado ecuánime y elevado en términos wilberianos. Una praxis que por cambio en mi rutina, el desconcierto de los primeros días y la dejadez de los siguientes, aparqué. Adiós a la práctica de la observación consciente, adiós a la lectura narrativa. Esas fueron las más evidentes pérdidas, pero no las únicas, con el inicio de una nueva rutina uno no se da cuenta de las carencias hasta que algún tiempo después nota sutílmente que algo falla. Y es que la pérdida de la que hasta entonces era mi rutina también trajo consigo la disminución del contacto con personas que realmente aprecio, y de los pequeños grandes detalles de cariño y apoyo que mostraban. Con todo ellos se fue en gran parte mi inspiración, y con esta la frecuencia de actualización de este blog.
Hoy y ahora, una vez más es constante cambio, como ha sido, es y será siempre, estoy en proceso de establecer una nueva rutina dinámica que abra mi alma y permita hacer emerger nuevamente ese centro de gravedad desde el que el mundo es un lugar digno de disfrutar. Un lugar en el que las cosas se parezcan a lo de siempre gracias a vivir a través de los cambios. Un tiempo en el que no hay esperanza porque no hay nada que esperar para ser feliz. Esa condición interior de la novedad constante, donde el mismo desayuno, el mismo vagón de metro, los mismos compañeros de trabajo son vistos desde esa novedad con la que los niños miran al mundo, desde ese punto de equilibrio donde encontramos la ecuanimidad que tanto deseamos, en el que aceptación y acción, ser y devenir se entrelazan en resonancia y podemos gritar a los cuatro vientos, sin palabras, que somos felices.

Recuperar tu muchedad lleva su tiempo

Domingo, mayo 16th, 2010

Como le comentan el sombrerero loco y la oruga a Alicia, hora no eres todo tú. No eres del todo Alicia. Haz perdido tu muchedad.

Con el paso de los años, las circunstancias, nuestras vivencias, nos van marcando y perdemos la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños.
Perdemos la mirada de novedad constante, perdemos la inquietud, perdemos nuestra muchedad. Pero todo eso que perdemos en parte dado por el condicionamiento social y en parte por nuestra propia dejadez, se puede recuperar. Mediante una praxis constante que incluya todas aquellas dimensiones imprescindibles de nosotros mismos, emprendiendo un camino hacia nosotros mismos y al tiempo de apertura hacia los demás, podemos recuperarla y podemos ir más allá. Y alcanzar cotas de realización personal que ni siquiera vislumbramos.

Trabajando integralmente en todas las áreas que forman parte de nuestro ser, ahora y siempre, haciendo esas actividades que de veras nos aportan valor a nosotros mismos, compartiendo y aportando parte de nuestra vida con aquellas personas que nos hacen sentirnos vivos, que nos recuerdan lo maravilloso de la vida, que nos hacen sentir el fluir de la sangre en nuestras venas y poder exclamar que estamos vivos, y desde ahí poder esparcir esa alegría y felicidad con los demás. De tener un futuro, aunque no carente de retos, lleno de ilusión y de esperanza.

Y todo esto lleva su tiempo, de ese tipo de tiempo marcado por la puesta de los soles, de ese tipo de tiempo necesario para dedicarte un espacio al día para tu mismo, un espacio al día para reír y para llorar, para compartir con los demás y para ser generoso, para regalar una sonrisa y para meditar. Para los que hacerse cotidianos y para sentarse y sentirse.
Ese tiempo necesario para recuperar la esencia de nosotros mismos, y recuperarla no porque la hayamos perdido, sino por haberla escondido en lo más profundo de nuestra alma, en un minúsculo rinconcito de nuestra existencia, aprisionada y embutida por nuestro propio miedo y nuestra propia inconsciencia.