Viaja, párate, disfruta y marcha otra vez
Jueves, Julio 31st, 2008Hoy me ha venido a la mente las viejas canciones que utilizábamos en las misas matutinas del colegio (Dios está en mí, está en mí, tan fuerte como el aire que respirooooo –si encontráis la letra entera, ¡pasádmela! :D-), y siento en mi interior el camino de la evolución de la conciencia. Recuerdo como la primera vez que escuchaba estas canciones sus letras estaban carentes de significado, apuntaban hacia lugares imposibles que mi virgen mente de niño no alcazaba siquiera a imaginar. Años después, alcanzado el estado que se conoce como pre-operacional, acataba el mito, tomando las frases en sentido literal. Esa Dios padre poderoso y barbudo, creador del cielo y de la tierra estaba presente literalmente en mi visión del mundo. Llegada la adolescencia (es decir, gracias a los cambios fisiológicos que son el sustrato para poder desarrollar la capacidad llamada operacional concreta –identidad contra confusión de roles; mente y cuerpo en proceso de diferenciación-) me cuestionaba la veracidad del mito literal. Y es en ese momento donde me encontraba solo y tenía en mis manos de manera inconsciente la elección de continuar tu relación con Dios y con tu visión del mundo tal y como la conocías hasta ahora o deshacerte de ella proclamando que Dios a muerto. De algún modo me ví impulsado (obligado a regañadientes) a matar al Dios bíblico mítico literal (aunque se da igualmente en el islamismo, budismo o hinduismo; es decir, en los niños o adolescentes que nacieron y crecieron en esa cultura, sociedad y religión) porque era la perspectiva que mejor validaba mi visión del mundo. El viaje épico de las diferentes interpretaciones del mismo impulso no acababa ahí, tras el paso de la nada al paganismo al monoteísmo al ateismo empiezo a vislumbrar el misticismo no-dual; que no es para nada un estado en el que exclamar un “uuuuuuhh” hilarantemente, sino el encuentro directo con Dios como Espíritu en sí mismo presente en toda forma y todo momento.
Y ese camino de la evolución de la conciencia, del desarrollo humano, de esa capacidad de tomar perspectivas cada vez más abarcantes se que no acaba aquí. Muchos humanos como nos otros me han precedido, Ramana Maharshi, Meister Eckhart, Jesucristo, Buda, Dante, y montones de anónimos que nos dejaron su testimonio de lo alto que pudieron llegar en el camino espiritual. Y ahora se trata de primero llegar hasta ahí y después de continuar su legado en conjunto. Esto no acaba aquí. Es un proceso continuo de aprendizaje, cuyo verdadero punto de inflexión viene en el momento en el que adentrados en sociedad en la vida adulta nos volvemos plenamente auto-conscientes, y la tarea de seguir desarrollándonos nos corresponde al 200% a cada uno de nosotros. Las estructuras sociales dejan de apoyarnos, ya no vamos a la escuela para dar un paso más allá cada día, ya no se nos dan todas las facilidades para seguir aprendiendo, ni tenemos un mentor/profesor, ni tantos compañeros de viaje que se encuentran en el mismo punto del camino. Estamos en el sistema, atraídos como un imán al centro de la gravedad del nivel de desarrollo promedio de la civilización en la que te encuentras. Todo el que se encuentre por debajo será empujado y animado a mejorar, todo el que esté por encima y se aleje del centro de gravedad será clasificado como un loco, un genio o un asocial. De ese camino que vamos abriendo a cada paso, a cada instante cuando nos hallamos un día sin darnos cuenta en la punta de la evolución –por que nadie sabe a ciencia cierta cuales son las prácticas con las que accedemos a esa evolución. Wilber dice que solo podemos asegurar que hay prácticas que aumentar la posibilidad de que nos desarrollemos, pero no podemos tener la seguridad que vayamos a avanzar. Que la meditación estadísticamente se ha comprobado que es una de las más eficaces cuando se acompaña de otro tipo de desarrollos como el cognitivo. Y esto es así porque al meditar tambaleamos los cimientos de nuestra actual estructura de conciencia, lo que bien nos puede llevar a trascendernos o a experimentar una regresión. Pero vuelvo al tema que ya casi me pasé de los Cerros de Úbeda… - y Unamuno nos susurra Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
En definitiva es la historia de cómo nuestra capacidad de profundidad espiritual y cognición se va desarrollado poco a poco, una forma de entender la evolución de la conciencia. Pudiendo atestiguar literalmente cómo nuestra perspectiva crece en profundidad e abarcamiento, mientras nuestra interpretación del Absoluto va saltando de Dios a Dios para acabar en Dios. Reactualizando nuestro sistema de creencias, renaciendo a perspectivas cada vez más abarcantes e integradora desde la que operar con el mundo.
Ahora bien, cuando nos acercamos al tránsito de un estado a otro (cosa que a mi entender solo vislumbramos a posteriori) pueden suceder tres cosas, que experimentemos una regresión a un estado anterior, que permanezcamos estáticos o que demos el salto. La regresión será producto de un desequilibro en nuestro desarrollo, algún trauma no superado, alguna línea de desarrollo (cognitiva, moral, psico-social, sexual, espiritual, etc.) que necesitaba previamente ser integrada. El permanecer estático o dar el salto son dos opciones igualmente válidas. Cada estadío de la evolución está ahí por alguna razón: Dios, la naturaleza o como quieras llamar a todo aquellas fuerzas o energías que escapan a nuestra compresión y que imperan en nuestro Universo, quisieron que estuvieran ahí. En definitiva son etapas de nuestra vida únicas, que nunca volverán. Etapas que todos y cada uno de nosotros vamos experimentando y que debemos atravesar nosotros mismos, y nos vamos quedando en ellas disfrutando de la vida desde esa visión del mundo. Practica el hábito de la tolerancia cada día mientras asciendes en la Matrix de significados y significante. Hora et labora, se y haz, vive entre Eros y Ágape, entre el ascenso de Dios y el descenso de la Diosa.

