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Recuperar tu muchedad lleva su tiempo

Domingo, mayo 16th, 2010

Como le comentan el sombrerero loco y la oruga a Alicia, hora no eres todo tú. No eres del todo Alicia. Haz perdido tu muchedad.

Con el paso de los años, las circunstancias, nuestras vivencias, nos van marcando y perdemos la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños.
Perdemos la mirada de novedad constante, perdemos la inquietud, perdemos nuestra muchedad. Pero todo eso que perdemos en parte dado por el condicionamiento social y en parte por nuestra propia dejadez, se puede recuperar. Mediante una praxis constante que incluya todas aquellas dimensiones imprescindibles de nosotros mismos, emprendiendo un camino hacia nosotros mismos y al tiempo de apertura hacia los demás, podemos recuperarla y podemos ir más allá. Y alcanzar cotas de realización personal que ni siquiera vislumbramos.

Trabajando integralmente en todas las áreas que forman parte de nuestro ser, ahora y siempre, haciendo esas actividades que de veras nos aportan valor a nosotros mismos, compartiendo y aportando parte de nuestra vida con aquellas personas que nos hacen sentirnos vivos, que nos recuerdan lo maravilloso de la vida, que nos hacen sentir el fluir de la sangre en nuestras venas y poder exclamar que estamos vivos, y desde ahí poder esparcir esa alegría y felicidad con los demás. De tener un futuro, aunque no carente de retos, lleno de ilusión y de esperanza.

Y todo esto lleva su tiempo, de ese tipo de tiempo marcado por la puesta de los soles, de ese tipo de tiempo necesario para dedicarte un espacio al día para tu mismo, un espacio al día para reír y para llorar, para compartir con los demás y para ser generoso, para regalar una sonrisa y para meditar. Para los que hacerse cotidianos y para sentarse y sentirse.
Ese tiempo necesario para recuperar la esencia de nosotros mismos, y recuperarla no porque la hayamos perdido, sino por haberla escondido en lo más profundo de nuestra alma, en un minúsculo rinconcito de nuestra existencia, aprisionada y embutida por nuestro propio miedo y nuestra propia inconsciencia.