Proponerse objetivos poco definidos produce estrés. Ambiciona la calma, planteándote metas y objetivos claros.
Del libro mantener la calma en el trabajo (Paul Wilson)
Y añado que además estos objetivos deben ser a corto o medio plazo, pues a largo plazo es difícil de prever y salvo que estos sean muy genéricos, a modo de guía para no perder el norte, no nos servirán, ya que nos sacarán del estrés pero nos llevarán a la infelicidad de no cumplir nuestras expectativas.
Personalmente suelo plantearme objetivos prácticos para el corto plazo. Que me sirvan para llevar a cabo una tarea en el día o a tres o cuatro días vista máximo. Al tiempo que dejo espacio para los imprevistos y así no supone un problema algo de mayor importancia que altere mi planificación de repente. Para el largo plazo prefiero tener en mente preguntas más que objetivos, del tipo a “si extrapolo lo que hago hoy dentro de un año, ¿consideraré haber perdido el tiempo o realmente es algo que me satisface o compensa de alguna manera?”
Ya lo decía San Agustín: El pasado es solo recuerdo, y el futuro es solo expectativa. Y ambos son hechos del presente. Por lo que creo que si aprendemos de nuestras experiencias pasadas, y tratamos de llevar nuestro hilo conductor planteándonos unas expectativas de futuro estando alineado con el momento presente. Desde las pequeñas cosas que podemos hacer en el día a día (pues es lo único que tenemos), no solo hallaremos la calma para el día de hoy, sino que lo haremos para el resto de nuestra vida.