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Recuperar tu muchedad lleva su tiempo

Domingo, mayo 16th, 2010

Como le comentan el sombrerero loco y la oruga a Alicia, hora no eres todo tú. No eres del todo Alicia. Haz perdido tu muchedad.

Con el paso de los años, las circunstancias, nuestras vivencias, nos van marcando y perdemos la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños.
Perdemos la mirada de novedad constante, perdemos la inquietud, perdemos nuestra muchedad. Pero todo eso que perdemos en parte dado por el condicionamiento social y en parte por nuestra propia dejadez, se puede recuperar. Mediante una praxis constante que incluya todas aquellas dimensiones imprescindibles de nosotros mismos, emprendiendo un camino hacia nosotros mismos y al tiempo de apertura hacia los demás, podemos recuperarla y podemos ir más allá. Y alcanzar cotas de realización personal que ni siquiera vislumbramos.

Trabajando integralmente en todas las áreas que forman parte de nuestro ser, ahora y siempre, haciendo esas actividades que de veras nos aportan valor a nosotros mismos, compartiendo y aportando parte de nuestra vida con aquellas personas que nos hacen sentirnos vivos, que nos recuerdan lo maravilloso de la vida, que nos hacen sentir el fluir de la sangre en nuestras venas y poder exclamar que estamos vivos, y desde ahí poder esparcir esa alegría y felicidad con los demás. De tener un futuro, aunque no carente de retos, lleno de ilusión y de esperanza.

Y todo esto lleva su tiempo, de ese tipo de tiempo marcado por la puesta de los soles, de ese tipo de tiempo necesario para dedicarte un espacio al día para tu mismo, un espacio al día para reír y para llorar, para compartir con los demás y para ser generoso, para regalar una sonrisa y para meditar. Para los que hacerse cotidianos y para sentarse y sentirse.
Ese tiempo necesario para recuperar la esencia de nosotros mismos, y recuperarla no porque la hayamos perdido, sino por haberla escondido en lo más profundo de nuestra alma, en un minúsculo rinconcito de nuestra existencia, aprisionada y embutida por nuestro propio miedo y nuestra propia inconsciencia.

Ese genio del contrapunto

Domingo, febrero 28th, 2010

En los últimos meses ha llegado a mí conciencia la obra de Johan Sebastian Bach desde tres diferentes caminos que me han hecho profundizar en el conocimiento de la obra de este genio del contrapunto.

gebEl primero de ellos a través del Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, libro que tenía muchas ganas de leer y que poquito a poco voy leyendo. Un libro acerca de cómo los logros creativos del matemático Kurt Gödel, el artista M. C. Escher y el compositor Johann Sebastian Bach interactúan. Si bien en palabras del propio autor el tema central del libro es la pregunta: “¿Siguen las palabras y las ideas reglas formales, o no?” y “GEB es una tentativa muy personal de decir cómo es que los seres animados pueden salir de la materia inanimada. ¿Qué es un “uno mismo”, y cómo puede un “uno mismo” salir de cosas tan faltas de ser como una piedra o un charco?”

A decir verdad no veo el sentido de la pregunta “¿(…) siguen reglas formales?” porque si así fuera, cuáles serían las consecuencias o conclusiones, y ¿en caso de no ser así? Un sistema formal es un artificio matemático compuesto de símbolos que se unen entre sí formando cadenas que a su vez pueden ser manipuladas según reglas -las reglas formales- para producir otras cadenas. De esta manera, el sistema formal es capaz de representar cierto aspecto de la realidad. Entiendo la idea y el esfuerzo de buscar un patrón de inferencia con el que pretender capturar y abstraer la esencia de determinadas características del mundo real en un modelo conceptual. Pero el enfoque en sí mismo del libro me parece reduccionista.

No habiendo llegado a leer la mitad del libro, no veo la relevancia de la pregunta, y aun así esto no me impide disfrutar de las magníficas relaciones (a veces no muy explícitas) de entre estos tres genios. Aprendo mucho de Escher, y por mis estudios en informática, algo menos de Gödel, que no hace más que recordarme la dura asignatura que cursé de Teoría de Autómatas y Lenguajes Formales durante la carrera. Y por paralelismo fonético, al Googol (en español Gúgol)

1 gúgol = 10100

y a la bestialidad que es el gúgolplex, esto es,  un 1 seguido de un gúgol de ceros. Y con ello, cómo no, al actual rey de los buscadores que homenajea el este concepto. Y aprendo aún mucho más de Bach, las partes del libro que sin duda más disfruto son las que hablan de este genio del contrapunto. Esa técnica que se utiliza para la composición de música polifónica mediante el enlace de dos o más voces independientes que se escuchan simultáneamente. Algo que me fascina en la archiconocida Tocata y fuga en re menor (esa que así como… tirorí tiroriroriroo tirorí totitoti [xD] ¿sabes ya cuál? seguro que la has escuchado).

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El segundo camino vino a través de la película de Pere Portabella, El silencio antes de Bach (2007). Parece que a Bach le ha tocado una vez más formar parte de una obra de aparentes fragmentos inconexos, esta película es algo así como una aproximación a la música del compositor y a las disciplinas y oficios que la rodean, tanto en la época que a Bach le tocó vivir como en la nuestra. El film usa la figura de Bach y su obra, no como personaje histórico o icono musical tal cual, sino como un referente emocional cuya música resuena eterna a través del tiempo.
Es una de esas películas de las que sales con muy buen cuerpo, pero que no puedes expresar con palabras porqué te ha gustado.

El tercer camino es el más reciente de todos, anoche, no recuerdo bien cómo, llegué la canal de videos de Smalin, y allí me quedé mirando y escuchando ensimismado, sobran las palabras:

Y cómo no, la Tocata y fuga en re menor: