Inspira, expira… observa

Tenemos miedo a la soledad, tenemos miedo al silencio, tenemos miedo de acallar esa voz en nuestra cabeza que nos separa de nosotros mismos. Creemos que sin ella vamos a dejar de ser y de existir. Pero ¿y si no fuera así? solo por un instante; relájate, da una vuelta por el parque sin preocuparte de la hora y observa todo cuanto acontece a tu alrededor. Escucha el sonido del pequeño riachuelo, siéntate tranquílamente. Inspira… expira… observa, clarifica la naturaleza de tu ser. ¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Acaso no es gozo, paz y sosiego? Ahora levanta y vuelve a tus que haceres diarios sin perder esa paz, pero sin tratar de conservarla. Recuerda, y experimenta este momento cada día.

Después del canto del buho, el silencio de la montaña es más profundo aún.

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