En Espíritu.

La inspiración, ese extraño proceso que viene y va como un ser animado en sí mismo.

Los artistas lo asocian a un brote de creatividad irracional. Etimológicamente, in-spiración, en Espíritu, o recibir el aliento divino. Cuando la inspiración llega, más nos vale ser unos virtuosos de la técnica para poder plasmarla en un lienzo, en una poesía, en una idea, en una composición o en cualquier otra forma material de la manera más completa y exacta posible.

Pero ¿podemos hacer algo para que la inspiración nos visite más a menudo?

Sin duda, un entorno de paz y serenidad ayuda. Es el encuentro entre la madurez del hombre ilustrado con la serenidad que tenía cuando jugaba de niño * [parafraseando a Nietzsche] lo que separa la inspiración divina de la mera aleatoriedad de la obra. La práctica espiritual, el deporte o las drogas son sustancias que ayudan a encontrar esa serenidad.

La práctica espiritual es una actividad que permite el desarrollo de las cualidades de la claridad mental, presencia en el momento, sabiduría, compasión y acceso a revelaciones de los estados de conciencia de los místicos (Alex Grey)

Saber crear ese caldo de cultivo para la creatividad es fundamental. Dar forma al recipiente que acogerá la inspiración durante una fase del proceso creativo es primordial para el artista:

  1. Formulación: descubrimiento del sujeto del artista o problema
  2. Saturación: un periodo de documentación intenso sobre el sujeto/problema
  3. Incubación: dejar que el inconsciente examine y filtre la información, y genere su propia respuesta
  4. Inspiración: un fogonazo con tu propia solución al problema
  5. Traducción: transformar la solución interna a una forma externa
  6. Integración: compartir la respuesta creativa con el mundo, y recoger el feedback.

Y tú ¿estás preparado para estar inspirado? No imagines que puedes, sabes que puedes.

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