La libertad de la excelencia

 

Con mayor o menor frecuencia en el entorno laboral nos sentimos constreñidos por todas aquellas normas y responsabilidades que nos atan a la silla de trabajo cabizbajos con el miedo y la resignación interior como compañeras de jornada. Un miedo que no está carente de cierto sentido cuando nos aferramos a la necesidad de la supervivencia básica. Pero del que para salir de esa resignación no nos queda otra vía que tomar el camino de la excelencia, del kaizen japonés, de la fijación de un umbral utópico sobre el que trazar una curva de progreso, y seguirlo hasta rozar la recta asintótica que separa lo imposible de la realidad. Y en el camino, sentir que somos libres, no por seguir un sendero carente de reglas y restricciones sino por nuestra profunda convicción de haber elegido la respuesta adecuada bajo cualquier conjunto de circunstancias.

Un comentario

  1. Rafael Rodríguez

    Gracias por este texto. Ahí anda uno, buscando esa recta asintótica…….

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