Un minuto de inmovilidad

De vez en cuando, a lo largo del día, concéntrate en quedarte quieto, ralentiza la respiración y detén tus pensamientos. De la quietud emerge la paz.

Del libro  mantener la calma en el trabajo (Paul Wilson)

Seguramente para muchos lo de “detén tus pensamientos” suene chocante, pero no imposible. Desde luego si muy complicado, y la mejor forma de llevarlo a cabo es no haciendo, pero no haciendo absolutamente nada, que es lo más difícil, es como sentarse a la orilla de un río y ver las aguas del río pasar. Seguramente recuerdes algún momento de quietud y calma interior en el que no pensabas, sino que simplemente eras consciente de ti mismo, tal vez practicando tu deporte favorito, tal vez conduciendo en silencio observando el paisaje o incluso escuchando una gran polifonía.

El mejor “truco” es concentrarse en la respiración, y en la energía interior que hay en tu cuerpo, ser consciente de la energía y del estado de tu mano, si está abierta o cerrada, fría o cálida, sin tener que siquiera mirarla. El ser consciente de tu estado físico, y atestiguarlo a cada instante es uno de los mejores caminos que nos conducen a bajar el flujo mentar hasta –en el mejor de los casos- detenerlo. Pero no intentes detenerlo, concentrarse en estar quieto no es esforzarse por estarlo, pues el esfuerzo implica acción y en lo que queremos es entrar en un estado profundo de no acción, de calma, desde la que emerja la paz.

Y desde ese estado, pasado el tiempo necesario (tal vez segundos, un minuto o varios) vuelve a la rutina y opera en el mundo sin perder esa calma que permanece consciente en lo más profundo de tu ser, la vida se torna entonces sencilla y tus acciones efectivas.

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