Divertirse es un asunto serio

El trabajo no tiene por qué ser sólo trabajo. Si dedicas un mínimo de esfuerzo a cambiar tu manera de afrontarlo, hasta las tareas más serias pueden resultar divertidas.

Del libro  mantener la calma en el trabajo (Paul Wilson)

El trabajo no tiene porqué ser aburrido. En la sociedad en la que vivimos se confunde a menudo la seriedad emocional con el rigor y la corrección a la hora de llevar a cabo nuestras tareas profesionales. Cuando somos niños se nos enseña a jugar, pero también nos sueltan frases también del estilo “es cosa de mayores”, “esto no es un juego” o “es un asunto serio” creándonos la impresión de que para poder llegar a ser adultos responsables tenemos que dejar de lado todas esas facetas del ser humano que complementan a la racionalidad. Proyectamos una imagen mental de nosotros mismos con esa apariencia de seriedad, asumiendo que todo lo que se sale de ahí es infantil.

Es muy desgarrador el escuchar aquello de bueno… es mi trabajo… lo hago y punto… Pasamos gran parte de nuestra vida en el entorno laboral, cada minuto que pase en el entorno laboral no lo recuperarás jamás. Y no se trata por ello de tirar la toalla y cambiarte de sitio pensando que encontrarás algo mejor, ni de resignarte a hacer lo que te manden durante ocho o más horas al día. Sino de saber que en el entorno laboral también hay vida, procesos y personas, objetivos e intereses. Como lo hay en una discoteca el sábado por la noche o en la partida de mus de los abueletes.

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