Lucha la batalla buena

Creo que el individuo que ha despertado en nuestro tiempo, en grado tal que encuentra una motivación más profunda y elevada para vivir, va a ser conducido a luchar la batalla buena de una manera o de otra. Bien sea en la ardua tarea de la evolución de la conciencia o luchando para salvar al mundo del cambio climático o la guerra nuclear, el impulso espiritual no puede venir separado de la compulsión moral de hacer de este mundo un lugar mejor. Y para luchar la batalla buena, tenemos que implicarnos, tenemos que entrar al cuadrilátero, no solo permanecer fuera de él y siendo filósofos.

Hay que tener agallas e integridad para luchar la batalla buena. Necesita de un interés apasionado con la vida. Es fácil estar en los laterales, moviendo la cabeza y comentando lo tráfico que son las cosas. Pero si realmente te preocupa, vas a estar en el cuadrilátero, tratando de hacer del mundo un lugar mejor. Y solo desde esa posición tus palabras, tus pensamientos, y tus descubrimientos tendrán peso. Cuando vives una vida comprometida, tu sensación de identidad gana en profundidad, poder y autoridad, y tu filosofía deja de ser abstracta. Te conviertes en una persona que realmente puede marcar la diferencia, porque participas activamente, profundizas, y tiras del borde de tu propio potencial.

Traducido por Pablo Nebreda.

Fighting the Good Fight

I believe that any individual who has spiritually awakened in our time, to the degree that he or she finds a higher and deeper motive for living, is going to be driven to fight the good fight in one way or another. Whether it is through engaging with the struggle to evolve consciousness or fighting to save our world from climate change or nuclear war, the spiritual impulse cannot be separated from the moral compulsion to make the world a better place. And in order to fight the good fight, we have to engage, we have to get into the ring, not just stand outside it and be philosophers.

It takes guts and integrity of motive to fight the good fight. It takes a passionate interest in life itself. It’s easy to stand on the sidelines, shaking your head and commenting on how tragic things are. But if you really care, you are going to be in the ring, trying to make the world a better place. And only from that position will your words and your thoughts and your insights have weight. When you live an engaged life, your sense of self gains depth and power and authority, and your philosophy is no longer abstract. You become a person who can really make a difference, because you are actively participating, you are digging deep, and you are pushing up against the edge of your own potential.

Andrew Cohen

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