Déjate ser.

Aquellos que estamos convencidos de la posibilidad de desarrollarnos y evolucionar personalmente a menudo ansiamos poder trascendernos una y otra vez más. Llegar al final de ese arduo camino que conduce a la realización consciente y la transformación en ese sabio que pasea en la plaza del mercado no es tarea fácil, es de hecho una no-tarea que solo se llega a través de la puerta sin entrada -el final de la investigación y retrospección de la conceptualización dualista-. Es alcanzar esa postura que nos permita obrar con sabiduría ante las situaciones de estrés que se nos presentan en la vida del día a día, no porque nos permite superarlas, sino porque dejan de existir. Pero en el día a día, bien en el trabajo, en nuestro entorno familiar o en situaciones inesperadas vivimos momentos que atentan contra la cotidianeidad de nuestro arraigado ego, entonces obramos inconscientemente, mientras que en lo más profundo de nuestro ser anhelamos poseer el coraje que nos saque de esas respuestas habituales adquiridas.

En esos momentos de estrés nos encerramos en nosotros mismos, nos sentimos atacados y creemos que el mundo entero se nos viene encima. En lugar de dar más allá de nosotros mismos, nos retraimos, escondiendo nuestro yo más elevado. Aquel yo que ocasionalmente en una exposición, una conversación íntima o haciendo lo que más nos gusta hacer, ante en momentos de calma y seguridad sacamos a relucir. Si en lugar de anhelar ese Yo Supremo -que se esfuma cuando lo tratas de alcanzar-, respirásemos profundamente y nos abriésemos a nuestro yo presente más elevado obraríamos desde nuestro mayor grado de conciencia, no aquel al que aspiramos, sino aquel que conscientemente ya hemos alcanzado pero desde el que nos hemos retrotraído ante la situación de estrés, ese estado del que debido al miedo o la ignoracia, hemos dejado de lado.

No se admiten más comentarios