¿Qué haces cuando suena el teléfono?

A veces cuando suena mi teléfono y no se quien es, opto por no cogerlo. Y mi madre se pone nerviosa incluso hasta el punto de querer cogerlo ella, porque para ella, el coger el teléfono es casi un acto reflejo de cuando suena y por tanto la única posibilidad de reacción ante una llamada. ¡Vaya! suena el teléfono, ¡tienes que cogerlo! ¡tengo que cogerlo! Si miramos más profundamente la situación, el sonido del teléfono que nos llega es un estímulo externo que nos llega al interior para ser procesado. En ese punto podemos elegir cogerlo o dejar que siga sonando.

A menudo en nuestro trabajo nos vemos inmersos en situaciones que no hemos creado nosotros pero ante las que tenemos que responder,  porque de no hacerlo nos cargarán el muerto. Nos sentimos víctimas de una situación donde no tenemos capacidad de decisión, sino en las que simplemente se nos dan órdenes externas y nosotros las acatamos. Pero, al igual que con la llamada de teléfono, mirando más conscientemente son situaciones que se nos presentan y que dependiendo de la perspectiva que tomemos la situación podrá convertirse en nuestra peor pesadilla o en nuestro gran aliado. Pensar que te han dado un marrón del quince y no tenemos otra cosa que asentir con resignamiento nos parece la mejor de las soluciones aceptables para salir del paso haciendo lo correcto. En primera instancia parece una buena forma de actuar, pero desde esa perspectiva en nuestro interior nos sentimos víctimas de un proceso que nada tiene que ver con nosotros, sentimos impotencia y simplemente damos una respuesta. Sin sentirnos responsables de la situación y en consecuencia acabamos minando nuestra autoestima tanto si el proceso final es positivo o negativo, interiormente nos sentimos resignados y derrotados.

Cuando se te presenta la situación puedes optar por ser partícipe de la misma adoptando el papel del jugador, reconocer el papel que se te ha asignado sin desmerecer ni reconocer la responsabilidad de los demás. Ahora ya no eres un simple espectador o una víctima. Ahora estás en el centro del escenario, cada uno en su propio centro de acción, tiene capacidad de reacción, y te sientes responsable (response-able; con capacidad de respuesta), es decir, capaz de responder adecuadamente a la situación que se te presenta. De esta manera incluso aunque la tarea encomendada salga mal y te preguntes cual era tu responsabilidad, cómo elegiste actuar y porqué salió mal estarás pensando en términos de posibilidades. No en hechos ante los que no tenías nada que hacer, ni entradas a las que había que responder de una determinada manera. Sino que te encontrarás inmerso en un mundo de elecciones y serás libre. No gracias al camino que tomaste ni por el resultado de tus acciones, sino por la posibilidad de haber elegido y actuado consecuentemente. Y encontrarás sentido a tu vida, verás que te sentirás en control de tu propia vida.

Sé que no elegiste el problema, pero eres tú al que eligieron para resolverlo y eres tú el que estará resentido por tener que solventarlo, solo te harás daño a ti mismo resignándote a aceptar aquello que se te impone. La próxima vez elige el papel del jugador, y hazlo con conciencia. Elige tu actitud interior bajo cualquier conjunto de circunstancias, esa actitud que te da la libertad espiritual que hace que la vida tenga sentido.

Pablo.

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Inspirado por Fred Kofman y Vicktor Frank.

Un comentario

  1. Yo casi nunca cojo el teléfono, salvo que sepa o intuya (profundamente) que es algo importante. Aunque lo mío es telefono-fobia, me angustia tanto el sentirme controlado como el hecho de hablar por teléfono en sí 😛

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