Eckhart Tolle y su dichoso aquà y ahora
4 Agosto 2008Muchos son los que critican a Eckart Tolle por su fijación por el aquà y el ahora, por repetir incansablemente que más meditación es lo único que necesita el siglo XXI para salvar a la humanidad de su propia destrucción. Y lo hacen con razón, ya que incluso estando al 200% presente en la eterna vacuidad con la que podemos conectar ahora mismo y por siempre, no nos librará de la ira, ni del sufrimiento. De la toma de decisiones, ni de proyectar nuestra sombra en otros, ni de lidiar con nuestro inconsciente.
Pero en este mundo tan saturado de información y de pequeños yoes que hablan en tu cabeza a veces todo lo que necesitamos es gritar ¡basta ya! y escuchar el silencio más allá de las palabras. Y para ello necesitamos por encima de todo trascender e integrar el ego en una unidad de orden superior (pues solo aquello que puede ser reconocido desde el Yo es controlado por él, de lo contrario es el yo quien nos domina sin que nosotros lo sepamos, como un bebe que se mea en los pañales sin que pueda hacer nada por evitarlo). Estamos tan absorbidos en nuestro flujo mental que ni siquiera pensamos que pueda haber algo más, nos aferramos tanto a nuestros pensamientos que nos aterra la idea de dejar de pensar, creyendo que nos vamos a volver tontos si lo hacemos.
Asà que las prácticas del dÃa a dÃa que propone Tolle son la puerta hacia la calma y la quietud desde la cotidianeidad de la rutina diaria. Cuando asistimos a una reunión en el trabajo, discutimos con la pareja o nos exaltamos por algún idiota que dio un giro brusco cruzándose en nuestro destino. Eckhart nos recuerda que debemos reencarnarnos en el auténtico Yo en el que habitamos y tenemos olvidado. Nos hace conscientes de experimentar y mantener esa calma y quietud que se nos escapa cuando intentamos atraparla y que aparece cuando no tratamos de conseguirla. Entrar permanente a la quietud que da mirar el atardecer en el acantilado, la mirada de un niño o la calma tras un ejercicio fÃsico extenuante. Esa entrar en ese estado desde donde el conocimiento se transforma en sabidurÃa, desde la que miramos a los demás y vemos que no son sino un reflejo de nuestra propia existencia. A veces, prestar atención al ahora es todo lo que necesitamos para remembrar que jamás hemos estado tan vivos.
Pablo.
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