Eternamente nuevo

A menudo o con menor frecuencia no estamos muy contentos con la vida que llevamos, que no estamos ni en el lugar ni el modo de vivir adecuados para nosotros, que no vivimos de la manera que nos gustaría. Una parte muy importante de la felicidad procede de la manera en la que nosotros mismos afrontamos aquello que nos acontece en el día a día, cuando volví de mis vacaciones en Japón me costó readaptarme a mi vida en España.
Había una frase que repetía con cierta frecuencia en la cotidianeidad del día a día, y era ¿y si estuviese en Japón? subiría los útlimos escalones del metro ilusionado por el grandioso mundo que me esperaba fuera, cada palpitar del corazón sería el único y cada mirada a mi alrededor sería la primera y la última. Y no porque el asfalto allí brille más, porque las calles sean más limpias, las personas sean más amableso porque el tren llegue siempre a su hora.
El mismo desayuno, el andar por un parque, o coger un tren como si fuese la primera vez, esa novedad con la que los niños miran al mundo y con la que los adultos nos reencontramos cuando viajamos lejos no es fruto del lugar al que vamos, sino de la condición interior desde la que afrontamos el mundo. Todo acto (activo o pasivo) del sendero de la derecha (externos) tiene su correlato en el sendero de la izquierda (o interno) y es en el punto de equilibrio donde encontramos la ecuanimidad que tanto deseamos, en el que aceptación y acción, ser y devenir se entrelazan en resonacia y podemos gritar a los cuatro vientos, sin palabras, que somos felices.

Pablo, para V.

3 comentarios

  1. Precioso, me has dejado sin palabras, de verdad. Es como si tuvieras el don de poner en palabras lo que otros sólo podemos intuir.
    Gracias.

    V.

  2. en resumen, que te apetece pasar una temporada en Japón ^_^

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